“DE DISEÑO”

La expresión “de diseño” es muy común en nuestros días y lo fue más aun en décadas anteriores. Comenzó a emplearse con asiduidad cuando una extraña corriente rompedora inundó España, un país que estaba anclado en costumbres muy tradicionales.

En los bares de los años 80, sobre todo en Barcelona, comenzaron a surgir nuevas formas imposibles, estridentes, curiosos inventos en los aseos, mobiliario incómodo y llamativo… los locales se hacían la competencia unos a otros sobreponiendo la extravagancia y una dudosa estética a la funcionalidad. Surgieron entonces taburetes de patas onduladas, formas hirientes en acero inoxidable, sillas inestables pero diferentes. Esa era la premisa: diferente, rompedor, provocativo… “de diseño”.

Se popularizó entonces el uso del apelativo “de diseño” para designar todo lo psicodélico y generalmente poco útil. Desgraciadamente, hoy en día se sigue empleando la expresión para referirse a los objetos de diseño de vanguardia, lo no convencional, lo que está un paso más allá de lo que estamos acostumbrados.

Después de esta introducción, el mensaje que queremos dejar en es el siguiente: Todos los objetos han sido diseñados, por tanto todo es de diseño. Podemos hablar de diseño clásico, contemporáneo, de vanguardia, con cierto estilo, tendencia… podemos hablar de buen diseño o de mal diseño pero no “de diseño”. La silla de pino castellana que usaban nuestros bisabuelos ha sido diseñada, nuestra lavadora, el coche, las gafas… todo ha sido dibujado, proyectado, diseñado…

Así que, por favor, no usemos la expresión “de diseño” sin un adjetivo detrás, es como describir un cuadro diciendo “es de estilo”, deberíamos añadir, de estilo cubista, expresionista, naif, realista…

Por cierto, esos taburetes de patas onduladas y formas hirientes que el grueso de la población los identifica como “de diseño” son en realidad un mal diseño. Pero ese es otro tema…

2 respuestas a «“DE DISEÑO”»

  1. Completamente de acuerdo con vuestro artículo. Vivimos en la permanente necesidad de etiquetar las cosas, darles una rápida clasificación. Eso nos evita profundizar en los conceptos, conocer los objetos un poco más a fondo, porque, al parecer, tenemos muchísima prisa. Por lo tanto, etiquetamos cualquier objeto que no comprendemos del todo con la expresión «de diseño» y así evitamos el tener que reflexionar sobre «qué es exactamente eso», nos ahorramos muchas definiciones, mucha saliva… y a otra cosa.

    Esta fenomenal que, desde la profesión, hagamos pedagogía permanente. Eso favorece a los buenos diseñadores, a los buenos clientes (los hay malos y no tiene nada que ver con la facturación) y a una auténtica cultura del diseño. Por eso, os animo a que abordeis en algún momento el siguiente asunto: el uso muy implantado de la palabra «diseño» para referirse meramente al aspecto formal de una pieza (especialmente en publicidad) y pasando por alto la función.

    Ya teneis blog; ahora, a llenarlo de buenos contedidos!

    Saludos.

    Jota.

  2. ¡Muchas gracias por participar Jota! Nos parece un buen tema de discusión esto que dices sobre el uso de la palabra «diseño» para designar la estética. Será tema de post en el futuro 🙂

Los comentarios están cerrados.