¿Cuál es la diferencia entre un decorador y un interiorista? ¿Qué tareas desempeña cada uno?
En algunas ocasiones, cuando alguien nos presenta en una obra y nos llama decoradores, algo rechina en nuestra cabeza. No somos los únicos, a otros compañeros interioristas también les molesta el término. Quizá tenemos en la cabeza la imagen del decorador esnob con aspecto estridente y un caniche bajo el brazo que se ha proyectado de la profesión.
Según nuestro punto de vista, el interiorismo engloba a la decoración y alcanza muchos otros aspectos dentro de una obra.
Para nosotros la decoración es la parte final del proceso de un proyecto, algo así como poner la guinda sobre el pastel.
Un proyecto de interiorismo comienza por buscar una solución a las necesidades del cliente e identificar las sensaciones que se han de transmitir. Continúa realizando la distribución más adecuada variando, si es preciso, la arquitectura interior del espacio. A continuación se crea y desarrolla el diseño, se estudia la iluminación y el sonido, los materiales que mejor se adapten al diseño, los elementos de mobiliario a diseñar de forma específica y a adquirir comercialmente y la asesoría o gestión de la obra para que el proyecto se lleve a cabo de forma correcta.
En todo este proceso la parte decorativa juega un papel fundamental en su parte final, pero no deja de ser una más de las tareas a desarrollar dentro de la planificación, diseño y elaboración de un proyecto de interiorismo.
Podríamos decir que el interiorista sería como el chef que idea una receta adecuada al restaurante y al público objetivo, donde también coordina su elaboración y presentación, mientras que el decorador se encargaría de este último paso, el de preparar la presentación del plato para el cliente.


