(Según el maestro Dieter Rams)
Recuerdo con cariño el motorcito del exprimidor de Braun despertándome los fines de semana. Aunque pudiera parecer un sonido desagradable, sabía que tras él estaba la mano de mi madre preparando un zumo de naranja. Es uno de esos sonidos de la niñez que nunca se olvidan, que de vez en cuando vienen a la cabeza y nos arrancan una sonrisa. Estas navidades, que estuve en la casa de mi madre, volví a escuchar el mismo sonido por la mañana y de nuevo me levanté contento deseando beber un buen zumo.
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